2017, ¡allá vamos!

2017

Y así con mucho, mucho sueño y casi sin enterarnos, hemos llegado al 2017 y vamos a empezar  Marzo. ¡Toma castaña!

Esta entrada, estaba programada, para ser publicada en Enero, ¡ojo al dato, que ahí lo dejo!

En la ”super-chachi-programación” anual, que cuidadosamente hago todos los Eneros y que religiosamente me salto todos los Febreros, mi productividad tendría que estar ya en unos máximos preestablecidos por el subidón del que estrena nuevo año y que a fecha de hoy, ya habréis adivinado que ni por asomo llego a rozar. Pero no, no lloro, al contrario, me descojono.

Si estuviera aquí mi coach me diría: ‘los objetivos tienen que ser factibles, tienen que ser realistas, de lo contrario se convertirán en una fuente de frustración’. Y toda la razón del mundo, pero como ya he dicho anteriormente, no me frustro y además me sigo descojonando. Mis objetivos no son más normales y alcanzables, que los propuestos en cualquier otra etapa de mi vida, solo que en esta tengo que añadir un ingrediente más: el de ser madre de dos churumbeles, hecho que hace que todo se multiplique por infinito (palabra que describe a la perfección lo que para mi hija mayor, debe significar mucho muchísimo).

El otro día leía por este universo de redes sociales, el revuelo que se había montado porque la periodista y madre de mellizos, Samanta Villar afirmaba que había perdido calidad de vida, desde que se había convertido en madre… Y ojo que esto si que hace que me siga descojonando pero además mucho. ¿En serio? ¿En serio este revuelo e indignación, porque una madre de mellizos haga tal afirmación? Alucino.

Entonces lo de mis cuatro, ya casi para cinco años sin poder dormir ni dos días consecutivos durante ocho horas seguidas, no sabría cómo definirlo… Estado de locura transitoria quizás, porque ese tipo de cansancio físico y mental te aboca a un ‘cuesta abajo y sin frenos’ diario, para que el que nadie te enseña a tener el salvavidas preparado.

Y como yo, conozco a muchas madres y padres, a veces al borde del colapso emocional, otras al borde del físico o mental al intentar hacer malabares para conseguir conciliar con equilibrio e inteligencia emocional, todos los aspectos de su vida, pero sin duda el más importante para ellos, el de la crianza. En esta no conciliación-si no renuncio a algo, en la que nos vemos sumergidos los padres y madres de nuestra generación, deberíamos tener superadas ya una serie de cosas, ¿no?, a saber:

La maternidad y la paternidad son un viaje maravilloso, que cada uno vive y expresa cómo quiere y en muchas ocasiones cómo puede. Un viaje en el que de la mano de tus hijos descubres otra lectura de la vida, del amor, de la incondicionalidad, la lealtad, del cuidado, pero sí, también es un viaje complejo y extenuante en el que mantener siempre la sonrisa,la armonía y la paz espiritual, pues no es fácil. Pero no pasa absolutamente nada, seamos francos, digámoslo, compartamoslo, hagámoslo saber a otras madres y a otros padres, de que la perfección no existe y de que nosotros y nosotras somos imperfectos. Y que no pasa absolutamente nada, porque aún así, no lo cambiaríamos por nada en el mundo.

Así que yo, por si me pierdo en esta bendita locura diaria en la que vivo por elección propia, suelo hacerme  hojas de ruta, planes a corto plazo y también a largo plazo, redacto listas de objetivos por cumplir y resoluciones para los meses venideros. Y no, ya os he dicho que no me frustro si no llego a todo, si no alcanzo todo lo que me propongo en el tiempo que me lo propongo, pero al menos se convierten en una guía, que ayuda a que despeje mi cabeza cuando lo necesito y una brújula que marque la dirección que me propuse seguir.

Hay varios ejercicios de coaching que de vez en cuando utilizo, para reestablecer un poco el orden y la motivación:

1.Dibujar una línea del tiempo, en ella sitúo mi situación actual y mi meta deseada.

2.Divido ese espacio temporal entre ambas situaciones, en pequeñas etapas que debo ir alcanzando en un tiempo concreto.

3.Durante este proceso temporal, voy analizando mis fortalezas y también mis debilidades, para no caer en aquello de la frustración de los objetivos inalcanzables.

4. Si no lo consigo tal y como lo tengo establecido o programado, no me fustigo, intento mantener la motivación y cambiar mi discurso interno, para que me ayude a continuar hacia esa meta.

5. Y muy importante, nunca perder de vista la meta final, así que la escribo bien grande y bien bonita al final de la línea del tiempo, pero también, en algún lugar recurrente para poder tenerla siempre presente.

Muy básico, muy simple, pero también muy efectivo. 😉

Si habéis leído esta entrada y os habéis sentido identificados, aquí os dejo con algunos libros, que pueden ayudaros en vuestro día a día:

_ Elsa Punset: ‘El libro de las pequeñas revoluciones’.250 rutinas exprés para mejorar tu día a día. Ediciones Destino.

_ Mónica Fuste: ‘SuperAcción’.Editorial Obelisco.

_ Marie Kondo: ‘La magia del orden’.Herramientas para ordenar tu casa y tu vida. Editorial Aguilar.

_ Rafael Santadreu: ‘Como ser feliz en Alaska’. Mentes fuertes contra viento y marea. Editorial Grijalbo.

_ Christophe André: ‘El arte de la Felicidad’. 25 lecciones para aprender a vivir felices. Editorial Kairós.

_ Talane Miedaner: ‘Coaching para el éxito’. Conviértete en el entrenador de tu vida personal y profesional. Editorial Urano.

#beamrs

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